Ya en casa no pude evitar sentirlo. Era algo extraño... algo fuera de lo normal. No sabría muy bien como definirlo, pero ahí estaba.
Me fui a mirar al espejo. Nada extraño. Me desnude y volví a mirar. Todo seguía igual.
Al volver al salón y sentarme en el sofa me sentí observado. Mi Dieffenbachia dirigía la vista hacia mí de forma rara. La había regado, estaba seguro.
-Estúpido- dijo mirándome.
No supe muy bien por qué lo decía.
-Estúpido- repitió, haciéndome burla.
Me levanté, y dirigiéndome hacia ella lo cogí y me lo puse. No volvió a abrir la boca.
Preparé la cena, spaghetti a la carbonara. Una receta antigua de la abuela de un amigo de no sé quién. Me terminé la ración y con el pan recogí toda la salsa que quedaba en el plato.
Y me di cuenta. Era verde, simplemente, verde.
miércoles, 10 de diciembre de 2008
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